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INFLUENCIA DEL MERCADO DE TRABAJO Y

SUS REGULACIONES EN LA CREACIÓN DE POBREZA

por Virginia Labougle

Tesina de Licenciatura en Economía 2014

Tutor: Carlos Alberto Carballo

(por si le interesa leer la primera parte, sigue a continuación de ésta)

3.1 División de componentes de costo laboral:

En esta sección se analizará con mayor profundidad cada componente del costo laboral y la incidencia que tiene sobre el mismo así como también su evolución y comportamiento durante los últimos años en Argentina. Como costo laboral, dentro de los diferentes tipos que existen, usaremos el CLRU dado que sirve para todos los bienes (no como el caso de CLU en moneda extranjera que sirve solo para los bienes transables) e incluye la productividad (a diferencia del CLR que no la incluye). Dichos componentes son:

a- Salario nominal bruto.

b- Contribuciones patronales.

c- Precio unitario de los bienes y servicios producidos.

d- Productividad.

a) Salario nominal bruto:

La noción de salario bruto comprende las erogaciones que realiza el empleador para pagarle al empleado; es decir, lo que le cuesta al empresario ese trabajador. El salario bruto difiere al neto (lo que percibe el trabajador realmente, el dinero correspondiente a su sueldo que ingresa en su cuenta una vez que se le han aplicado las retenciones y cotizaciones a la Seguridad Social). Cuanto mayor es la diferencia entre salario bruto y neto, menores incentivos hay para el empleador de contratar en blanco dado que el costo de contratación supera en gran cuantía a la ganancia del trabajador. Perjudicando a ambos, el empleador y el asalariado.

Dado que el principal componente que perjudica al salario bruto son las cargas sociales, y cuanto mayores son estas, menor es el salario bruto, a continuación se hará una descripción de la evolución de las cargas sociales en Argentina y de su porcentaje del salario nominal hoy en día.

b) Contribuciones patronales- cargas sociales:

“Es difícil que un hombre entienda, cuando su ingreso depende de no entenderlo”

I, Candidate for Governor: And How I Got Licked (1935) Upton B. Sinclair (1878 –1968)

La expresión cargas sociales designa las sumas que todo empresario debe depositar —según la ley— en un organismo oficial para cubrir las necesidades sociales. Estas cargas guardan relación con la cuantía global de los salarios aportados. El salario se beneficia de otros ingresos no nominales. Este ingreso suplementario (denominado, en consecuencia, ingreso social) es, la mayoría de las veces, independiente de la cantidad de trabajo prestado.

El primer régimen general de protección social fue instituido por el gobierno de Alemania bajo el mando del Canciller Bismarck entre 1883 y 1889, aunque ya en la década de 1850 varios estados alemanes habían colaborado con gobiernos locales para establecer cajas de enfermedad, a las que los obreros debían cotizar. Por consiguiente, el principio del seguro obligatorio ya se aplicaba, aunque en esta fase el único cotizante era el asegurado.

La protección social ha surgido como un eje conceptual que intenta integrar medidas orientadas a construir sociedades más justas e inclusivas y a garantizar niveles mínimos de vida para todos. Puede estar orientada a atender necesidades particulares de determinados grupos de la población o estar disponible para el conjunto de la ciudadanía. En particular, la protección social se considera un mecanismo fundamental para contribuir a la plena realización de los derechos económicos y sociales, reconocidos en una serie de instrumentos legales nacionales e internacionales, tales como la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC). Sin embargo, uno de los desafíos más serios que enfrentan los países es integrar las distintas iniciativas en sistemas de protección social que aseguren la coordinación de varios programas, así como de las instituciones del Estado que están a cargo de su diseño, financiación, implementación, regulación, monitoreo y evaluación, a fin de lograr efectos positivos en las condiciones de vida de la población (Cecchini y Martínez, 2011)[1].

Las cargas sociales se diversifican, y su cuantía aumenta en función de los progresos de la política social. Según los países, suelen comprender un impuesto a la formación profesional (cuyo ingreso se destina a las actividades de formación de mano de obra), las cotizaciones a los organismos que suministran las prestaciones (seguros sociales, asignaciones familiares, garantías contra accidentes de trabajo), entregas de dinero para indemnizaciones por despido o contribución para mejora de la vivienda.

Las cargas sociales, al incrementar el costo de la mano de obra, inciden en el precio de fábrica de un producto o de una prestación. Los países de legislación social avanzada, corren el riesgo (si disponen de un aparato de producción suficiente) de ser superados en el proceso de la división internacional del trabajo. Italia, donde las cargas sociales han sido durante mucho tiempo inferiores a las de otros países del Mercado Común, se ha beneficiado de esta situación, sobre todo en el sector textil y en las industrias gráficas.

b. i- Introducción al problema:

Se ha aceptado en las últimas décadas que el Estado tendría derecho a reducir la libertad de los trabajadores, retirándoles parte de lo que les corresponde o de lo que el empresario estaría dispuesto a pagar por los servicios del trabajo, en función de que el trabajador sería “imprevisor” y seguramente no ahorraría para su enfermedad, para sus vacaciones, para mantener a sus hijos, para su vejez, para sus accidentes o invalidez, para su sepelio y muchas cosas más que esta orientación doctrinaria ha considerado que el gobierno puede hacer mejor que cada persona.

Se parte de la idea de que las personas son relativamente ignorantes y muchas son débiles, de pocas convicciones y que si el Estado no se interpone y protege, se gastarán todo lo que van ganando a los pocos días de haberlo cobrado y luego, con el paso del tiempo, sufrirán las consecuencias, es decir, penurias de salud y de vejez sin ahorro, sin dinero.

A la vez, suele darse el caso indeseado en el cual el Estado aumenta las cargas sociales para proteger a los empleados y termina generando el efecto contrario: el despido o mercado “en negro” debido a los altos costos laborales. Es por eso, que la política social de un Estado se da en un equilibrio de trade-off entre costo y beneficio para el empleado y la empresa. Las cargas sociales no pueden ser tan bajas tal que dejan al empleado desprotegido ni tan altas que desincentiven la contratación.

b. ii- Evolución de las cargas sociales:

“Entre lo que cuesta el empleado a la empresa y lo que se lleva de bolsillo hay una diferencia de más del 100%”, Orlando J. Ferreres en Fundación Norte y Sur (1996).

Se incrementaron progresivamente las retenciones personales a los sueldos y salarios hasta el punto en que fueron tan altas que el obrero y empleado comenzaron a oponerse. Entonces, para superar esta limitación, se cambió el ángulo y en vez de impuestos personales sobre el salario, se comenzaron a incrementar los aportes patronales (de esta manera no figuraba en el recibo del sueldo y el empleado no se enteraba el monto que el empleador retribuía en servicios de trabajo o pagos a distintas cajas de organismos que luego atenderían al trabajador). Esto es engañoso dado que se fueron otorgando diversos beneficios que no los “pagaba” el trabajador sino alguien y que hicieron que entre lo que cuesta el obrero/empleado a la empresa y lo que se lleva de bolsillo haya una diferencia de más del 100%, influyendo negativamente en la contratación de nuevos empleados y aumentando los costos laborales para los empresarios.

La libertad de que cada uno pueda disponer de su salario, no es un tema que haya atacado a las comunidades sociales, o a los políticos. Esto puede deberse a fallas de información o también a conveniencias, ya sea doctrinarias o económicas. Por lo tanto, desde 1996 las diferencias de los costos para el empleador y el “salario de bolsillo” ya eran abismales. Un trabajador en 1996 en la Argentina sólo disponía de algo menos del 50% de lo que ganaba. Esto sin contar que también cuando gasta un obrero, debe pagar el 21% de I.V.A. y un equivalente de 10-12% de varias pirimidacionales de Ingresos Brutos.

¿Por qué el empresario argentino a lo largo de la historia permitió esta locura? La respuesta es sencilla y se debe principalmente a la dominante política de comercio exterior del país que es cerrada. Los empresarios trasladan automáticamente a los precios la nueva carga social, generando así un proceso inflacionario debido a la economía cerrada del país que permite a los productores monopólicos imponer el precio que deseen dada la escasa competencia internacional. Así, se trasladan las políticas laborales a los precios finales generando una carga inflacionaria que disminuye el poder adquisitivo del salario bruto y afecta principalmente a aquellos con menores ingresos.

En el caso de los noventa, en el que la economía fue abierta, las altas cargas sociales también generaron efectos negativos pero de otro modo: debido a que los empresarios tenían competencia exterior con precios más bajos que no les permitían trasladar los aumentos de cargas sociales a los precios finales, la empresa con elevados costos laborales redujo el personal; aumentando el desempleo y el trabajo en el sector informal para mantener la competitividad.

Los aportes a la seguridad social devengan ingresos futuros, que en un sistema de reparto decrecen como porcentaje de la RB con el nivel de ingresos, mientras que son neutros en un régimen puro de capitalización.

La relación RN-RB instantánea indica poco en sí misma, ya que desde el punto de vista económico lo relevante es la imposición total al trabajo (no solo sobre el asalariado). Sin embargo, constituye una primera aproximación que permite establecer en qué medida la imposición es explícita, o se encuentra encubierta en forma de “aportes patronales”. Tales aportes influyen en una mayor remuneración para el contratador y una menor remuneración neta para el empleado, lo que empeora la condición de ambos y si el monto es muy alto, crea un incentivo para los contratadores de no emplear trabajadores o contratarlos en negro.

En Argentina, las cargas sociales son un impuesto altamente regresivo dado que gravan el ingreso de las familias de más bajos recursos. En cambio hay algunos impuestos (tales como el impuesto a las ganancias o al patrimonio) que tienen un monto mínimo no imponible mientras que las cargas sociales deben ser pagadas por todos los trabajadores, independientemente de su nivel de ingreso. Si el salario mínimo fuese no imponible para la seguridad social subiría el salario de bolsillo de $2310 a $3300, reduciendo los costos laborales. Esto incentivaría a las empresas a pagar el salario mínimo y comenzar un proceso de blanqueo, además el gobierno no debería ajustar periódicamente el salario mínimo nominal –algo que exacerba la informalidad- y convierte al salario mínimo en un factor que promueve la integración social. Bajo este sistema también hay un cambio en el enfoque del Estado acerca de a quién subsidia, antes subsidiaba a la gente pobre que no tenía trabajo. Con la reforma propuesta se subsidiaría a aquellas personas pobres que consiguen un trabajo, fortaleciendo la “cultura del trabajo”. A la vez, para evitar la posible crítica que las empresas grandes y multinacionales se verían beneficiadas con la propuesta dado que disminuiría su carga social, se podría aplicar este criterio solo para pequeñas empresas (que son las que tienen mayores posibilidades de caer en la informalidad).

Gráfico 5: Recursos necesarios para reforma.

Los siguientes gráficos muestran la diferencia en las cargas sociales con respecto al empleado y al empleador. Mientras que para el empleado apenas superan el 15% de su sueldo, para el empleador en algunos años llegan a superar el 35% del salario que pagan.

Gráfico 6: Cargas sociales del empleador en Argentina ( de 1975 a 1996).

Fuente: Fundación Norte y Sur: “Impuestos a la hora trabajada” (1996).

Gráfico 7: Cargas sociales- Empleado en Argentina (de 1075 a 1996).

Fuente: Fundación Norte y Sur: “Impuestos a la hora trabajada” (1996).

En total, las cargas sociales llegan a ser la mitad del salario tal como se observa en el siguiente gráfico. Siendo un componente tan importante en la determinación del costo laboral y de la reducción del salario de bolsillo del empleado que influye negativamente en el mercado de trabajo.

Gráfico 8: Cargas sociales en total (para empleador y empleado) en Argentina (de 1975 a 1996).

Fuente: Fundación Norte y Sur: “Impuestos a la hora trabajada” (1996).

Actualmente, el régimen de cargas sociales para los trabajadores en relación de dependencia se basa en la tributación de:

a) Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

b) Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados.

c) Régimen Nacional de Asignaciones Familiares.

d) Fondo Nacional de Empleo.

e) Superintendencia de Servicios de Salud.

f) Régimen de Obras Sociales.

En la Argentina, considerando sólo las imposiciones legales –es decir, dejando de lado las que imponen los sindicatos en los convenios colectivos– en el año 2012 un trabajador casado con 2 hijos pagó los siguientes impuestos:

· Las cargas sociales, sumando los aportes personales y las contribuciones patronales, equivalen a aproximadamente el 43% del salario.

· Si tuvo un salario promedio ($7.000) no tributó impuesto a las ganancias y si tuvo un salario equivalente al doble del promedio ($14.000) tributó el 6%.

Es decir, aún en el tramo de salario medio-alto ($14.000) la presión del impuesto a las ganancias es 7 veces menos importante que las cargas sociales. Mientras con el impuesto a las ganancias de las personas se recauda un 1,7% del PBI; con el impuesto a las ganancias se recauda el 6,9% del PBI. Los datos oficiales muestran que en la Argentina se recauda mucho más con las cargas sociales (un impuesto regresivo) que con el impuesto a las ganancias de las personas (un impuesto progresivo).

Datos del INDEC señalan que aproximadamente el 90% del total de ocupados tiene remuneraciones inferiores a $7.000 mensuales. En este segmento se aglutinan los asalariados formales con ingresos inferiores al promedio, los asalariados no registrados y los cuentapropistas informales. Para esta gente, reducir las cargas sociales generaría un impacto altamente positivo porque, en el caso de los asalariados registrados, les aumentaría el salario de bolsillo y, en el caso de los informales, les aumentaría las oportunidades de conseguir un empleo formal. El peso de las contribuciones patronales no es percibido por los trabajadores porque no están explicitadas como un descuento en el recibo de sueldo, pero el problema radica en que el empleador las considera en su política de contrataciones y remuneraciones.

En lugar de aumentar el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias sería recomendable establecer un mínimo no imponible a las cargas sociales. Es decir, que las cargas sociales –al igual que el impuesto a las ganancias– se empiecen a aplicar a partir de un determinado monto de salario. De esta forma, se prioriza la reducción de la presión impositiva sobre los salarios bajos y medios, es decir, lo que se necesita para tender hacia una sociedad más equilibrada.

A pesar de las elevadas cargas sociales que tienen que afrontar los empresarios en nuestro país, la protección social en la Argentina enfrenta varias limitaciones. Debido a que el concepto de protección social es reciente, existen diferentes enfoques. Además, este concepto no está formalmente reconocido dentro de la estructura nacional de gasto social y administrativo, lo cual aumenta las dificultades de planificar políticas coordinadas de protección social. Todavía quedan muchos retos que superar respecto a la provisión de protección social bajo mecanismos contributivos accesibles mediante el empleo. Adicionalmente, cada sector enfrenta problemas específicos: en el sector de la salud, para garantizar una cobertura universal es necesaria una mejor articulación entre los componentes público, privado y de seguro social; y en cuanto al sector educativo, las demandas de calidad y cobertura deben satisfacerse de forma interrelacionada. Por último, cabe citar que aún está pendiente la aclaración de las responsabilidades correspondientes a cada órgano de gobierno con respecto a la protección social. En general, lo que urgentemente la Argentina precisa es un mayor énfasis en la responsabilidad del gobierno central sobre la reducción y eliminación de las desigualdades territoriales en el reparto de las prestaciones sociales.

En fin, con la actual conformación de la seguridad social se trata de un argumento débil ya que a una jubilación se puede acceder a través de moratorias, a una prestación familiar a través de la Asignación Universal por Hijo y a prestaciones de salud a través de los hospitales públicos. Cuando la calidad de los servicios es tan baja, las cargas sociales se convierten en un impuesto que grava el trabajo asalariado registrado. Con alícuotas tan altas –similares, por ejemplo, a las polémicas retenciones sobre las exportaciones – se trata de un impuesto que discrimina contra el empleo “en blanco” y, por ello, genera muy altos costos sociales. A la vez, contribuir a un sistema de previsión genera la expectativa de recibir en el futuro una jubilación cuyo monto no guarda relación con el salario de actividad y que luego será expuesto a pérdidas de poder adquisitivo por falta de movilidad. Peor aún, hay altas posibilidades que se termine cobrando el haber mínimo, igual que quien accede al sistema sin haber hecho aportes Los déficits de calidad de las obras sociales y del PAMI quedan demostrados en la gran cantidad de gente que, teniendo la cobertura social, usa los hospitales públicos. En fin, pagar las cargas sociales (que además son elevadas) no genera ventajas importantes respecto de operar en la informalidad.

b. iii – Comparación internacional:

Tener acceso a un sistema de seguridad social que funcione bien es un derecho muy importante, por más que no nos de ingresos, nos mejora la calidad de vida y a la vez, da seguridad al individuo de cierta protección en caso de tener un problema de salud o accidente laboral. Se considera un mecanismo fundamental para contribuir a la plena realización de los derechos económicos y sociales de la población, reconocidos en una serie de instrumentos legales nacionales e internacionales, tales como la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC). Estos instrumentos normativos reconocen los derechos a la seguridad social, el trabajo y la protección de niveles de vida adecuados para los individuos y las familias, así como el disfrute del mayor bienestar físico y mental y la educación.

La importancia de la seguridad social en el mundo está creciendo, lo que no quiere decir que su desarrollo en los diversos Estados siga un camino paralelo. En muchos países emergentes, los sistemas de seguridad social todavía se están construyendo, mientras que en otros, como los antiguos Estados socialistas, estos sistemas se están reestructurando completamente a través del llamado proceso de transformación.

La OIT siempre ha dado una gran importancia a la seguridad social de conformidad con el mandato que le confiere su Constitución, que consiste, entre otras cosas, en mejorar las condiciones del trabajo a través de «la lucha contra el desempleo,…la protección del trabajador contra las enfermedades, sean o no profesionales, y contra los accidentes de trabajo,… las pensiones de vejez e invalidez». Desde su primera reunión, que tuvo lugar en 1919, la Conferencia Internacional del Trabajo ha adoptado 31 convenios y 23 recomendaciones sobre seguridad social. Como veremos, se considera que sólo algunas de estas normas están actualizadas y deben ser objeto de actividades de promoción por

parte de la OIT.

En los países avanzados la mayoría de los asalariados pagan impuesto a las ganancias y en porcentajes mayores que en Argentina. En contrapartida, las cargas sociales no llegan al 43% como en nuestro país. La tendencia es a usar la moderación de cargas sociales como factor de estímulo al empleo y el aumento de los salarios preservando la competitividad, y el impuesto a las ganancias para incorporar equidad. Casos notables se dan en Oceanía donde las cargas sociales se han reducido a un mínimo (Australia) o directamente se han eliminado (Nueva Zelanda). Por eso, declamar la aspiración por una sociedad más igualitaria, pero simultáneamente presionar para bajar el impuesto a las ganancias y dejar intactas las cargas sociales, es un acto de hipocresía.

De 85 países, Argentina está en el puesto número doce de porcentaje de cargas sociales. Cabe tener en cuenta, que a diferencia con nuestro país, el grueso de los doce países que nos superan en cargas sociales brindan servicios de calidad muy superior a la argentina. Así, con la calidad del servicio, el individuo “recupera” de alguna manera el dinero invertido.

Gráfico 9: Cargas sociales para empleado y empleador en 85 países del mundo (en porcentaje).

Fuente: informe KPMG de encuesta cargas sociales (2012).

a- Precio unitario de los bienes o servicios producidos:

De este tema no se hará hincapié dado que el precio de los bienes o servicios producidos depende de cada sector y de variables de oferta y demanda que no tienen relevancia para este análisis.

b- Productividad:

La noción de productividad (o producto medio) hace referencia a cuál es el volumen físico de valores de uso que se genera en una hora de trabajo o, tal como ocurre en este documento, lo que produce un trabajador a lo largo de un determinado período de tiempo (por lo general, un mes o un año). Es el rendimiento de la fuerza de trabajo. Según la teoría clásica de salarios, el equilibrio de salarios de da para el PMg del trabajador.

Gráfico 10: Metodología para calcular productividad:

Fuente: Graña Juan M., Kennedy, Damián, Salario real, costo laboral y productividad argentina 1947-2006, (2008).

Para sostener el crecimiento en el largo plazo, resulta clave que gran parte del crecimiento del PIB se deba a ganancias de productividad, esta a la vez se relaciona con la competitividad.

Los períodos de análisis han sido elegidos a los fines de comparar el actual boom con el auge experimentado durante el período de las reformas del llamado Consenso de Washington (1990-1998). Dividiré la muestra entonces en: (i)la fase inicial positiva de la vigencia de las reformas después de la década perdida de los años 80 hasta 1998, cuando comenzó el período de depresión (1998-2002) por la devaluación del real brasileño. El período (ii) 2002-2010 permite analizar la recuperación del nivel luego de la crisis 1998-2002. El análisis del período (iii) 1998-2010 permite la comparación entre el nivel máximo del PIB alcanzado en el presente con el de la década pasada: permitiendo analizar las fuentes del crecimiento desprovistas de los efectos recuperación transitorios. Por último, también resulta útil ver qué sucede (iv) desde principios de la década 90s hasta la crisis y (v) en el período completo1990-2010.

En el siguiente gráfico se presenta la descomposición en términos de fuentes del crecimiento de la economía argentina para los períodos analizados. El crecimiento se basó principalmente en la acumulación y utilización de factores más que en ganancias de productividad. Gran parte de ese crecimiento se debió a la acumulación y utilización de capital y fuerza de trabajo sin incrementar la eficiencia con que se utilizan dichos factores, de esta manera, aumentaron los costos laborales.

Gráfico 11: Fuentes de crecimiento económico en Argentina (contribución anual).

Fuente: “Argentina, una década perdida de productividad” para ARKLEMS + LAND.[2]

Desde 1955 hasta la década del setenta es un período de crecimiento de la productividad (un 34% aproximadamente). Esto se da por el estancamiento en el nivel de ocupados en un contexto de expansión económica. Luego, en la siguiente década la productividad se estanca y muestra crecientes cambios por la inestabilidad económica del “Rodrigazo” y la dictadura. Luego, durante la “década perdida” (como se denomina a la década de los ochenta) comienza un estancamiento del producto. Se dio el caso de retroceso económico tal que en 1991 su nivel era casi el mismo que en 1980.

Luego, hasta 1998, los noventa fueron un período de crecimiento del 30% de la productividad (aún con la crisis del tequila) como consecuencia de una desindustrialización y crecimiento del sector servicios (requiere trabajo más capacitado). Luego de la convertibilidad hay un estancamiento.

En resumidas cuentas, visto el período en conjunto, en Argentina no parece manifestarse la tendencia esperada a un incremento relativamente continuo de la capacidad productiva del trabajo, apareciendo – incluso – períodos importantes en la cual la misma retrocede fuertemente. De esta forma, podemos ver que entre 1947 y 1970 la productividad se expande un 37%, mientras que hacia 2006 la misma es un 33% más alto que 36 años atrás

El nivel de productividad de la economía argentina alcanzado en el año 2010, a pesar del importante crecimiento económico entre los años 2002 y 2007, no habría superado el nivel alcanzado en el año 1998, año del máximo nivel de productividad de la década pasada, tal como se presenta en el siguiente gráfico.

Gráfico 12: Productividad Total de los Factores en Argentina.

Tal como se señala en Rozenwurcel y Katz (2012), (La economía política de los recursos naturales en América del Sur), las mejoras de productividad son clave a los fines de ganar competitividad en sectores transables no asociados a recursos naturales afectados por la apreciación real de las monedas domésticas que pueden producir los ingentes ingresos de exportación por el auge de commodities.

Gráfico 13: Evolución Valor Agregado Bruto a precios básicos (VAB pb) a precios constantes, empleo y productividad 1947-2006. 1970=100.

Fuente: Graña y Lapova (2008).

En la Argentina, la información oficial disponible se refiere sólo a la industria manufacturera. De todas formas, es muy relevante dado que se trata de un sector muy importante y dinamizador del resto de la economía. Tal como muestra el gráfico (basado en datos del INDEC), entre los años 2002 y 2012, período en el que resurge la alta inflación en Argentina, se observan las siguientes tendencias:

· El costo laboral por trabajador aumentó un 848%.

· La productividad, o sea la producción industrial por hora de trabajo, creció un 60%.

· Esto significa que el Costo Laboral Unitario en todo el período aumentó un 493%.

Un crecimiento de casi el 500% en el Costo Laboral Unitario tiene asociado una muy fuerte presión inflacionaria. Por eso no sorprende que, según las propias estadísticas oficiales del INDEC, los precios mayoristas al productor crecieran en el mismo período un 407%. Con datos oficiales se confirma que las inconsistencias entre los aumentos de salario y la productividad fatalmente se pagan con aumentos en los precios, más allá de las declaraciones altisonantes, las presiones a las empresas y los controles de precios. Dicho de otra manera, la principal causa de la inflación es la carencia de estrategias estatales que estimulen una mayor eficiencia productiva.

Gráfico 14: Evolución de costo laboral unitario en Argentina (en porcentaje).

En la Argentina, el año 2012 fue particularmente crítico. La productividad prácticamente no aumentó y los costos laborales siguieron creciendo. El aumento de los precios fue muy alto, pero insuficiente para compensar el desequilibrio. Por eso, más allá de la manipulación en la medición de la inflación y el llamado de atención de la comunidad internacional a través del Fondo Monetario Internacional (FMI), la disparada del dólar paralelo es la prueba de esta preocupante profundización de los problemas de competitividad en la que, hasta la alta inflación, no alcanza a compensar el desequilibrio entre costos laborales y productividad.

4. Regulaciones laborales:

(continuará)

De: Frente del Pensamiento Cristiano [mailto:frentedelpensamiento@abogadosruralistas.com.ar]
Enviado el: domingo, 09 de noviembre de 2014 11:17 p.m.
Asunto: Influencia del mercado de trabajo y sus regulaciones en la creación de pobreza

INFLUENCIA DEL MERCADO DE TRABAJO Y

SUS REGULACIONES EN LA CREACIÓN DE POBREZA

por Virginia Labougle

Tesina de Licenciatura en Economía 2014

Tutor: Carlos Alberto Carballo

Resumen:

El objetivo de esta tesina es explorar el fenómeno de la pobreza en Argentina desde un nuevo punto de vista. Para ello se estudia la contratación laboral en nuestro país en términos de su efecto en la estructura del mercado de trabajo a lo largo de los años. Con este fin, se analizan por un lado los costos y por otro las rigideces legales en el mercado laboral y su indudable responsabilidad en la creación de un mercado informal creciente que domina más del treinta por ciento de la fuerza laboral. La importancia de este hallazgo radica en que las rigideces laborales y los altos costos de contratación tienen posibilidades de cambio y adaptación a las necesidades del país y como resultado podrían mejorar la calidad laboral y los ingresos de muchas familias, revirtiendo la desfavorable realidad argentina en este tema.

ÍNDICE:

1. Introducción:

2. Pobreza

2.1 Definición

2.2 Pobreza en Argentina

3. Costo Laboral

3.1 División de componentes de costo laboral

4. Regulaciones laborales

4.1 El debate conceptual de las regulaciones laborales

4.2 La evidencia

4.3 Las regulaciones laborales en Argentina

5. Mercado informal de trabajo o “mercado en negro”

5.1 Empleo informal en Argentina

5.2 Relación de trabajo informal y pobreza

6.Conclusión

Bigliografía

1. Introducción:

En Argentina, ser pobre ya no es más un problema de minorías. A fines de 2013, 4 millones de personas vivían en la miseria, y aunque represente el 10% de la población, es un número desgarrador. Otro 20% vive en la pobreza, con altos niveles de vulnerabilidad, y la posibilidad de volver a caer en la indigencia. El proceso de empobrecimiento que viene desde hace más de 30 años se autoalimenta e impacta sobretodo en la población más débil, y agrega nuevos pobres en cada episodio. ¿Es este fenómeno solamente producto de las políticas económicas tomadas por los gobiernos o tiene también causas de distinta índole? Contestar esta pregunta es importante pues puede dar un nuevo enfoque al asunto, y entonces, una visión con posibles soluciones.

El objetivo general del presente estudio es explorar el impacto de los costos y regulaciones laborales en el mercado de trabajo argentino y su efecto en la pobreza. Específicamente, se examinará la hipótesis de mercado laboral informal como causa de pobreza definida en términos de falta de ingreso y desde el punto de vista de Amyrta Sen, desde las posibilidades y dignidad de cada persona.

La visión de causas de la pobreza desde el punto de vista de las regulaciones y costos laborales y su consecuente mercado informal es una visión que no va de la mano con las teorías tradicionales a las que se suele abogar cuando se habla de pobreza en nuestro país tales como: inflación, falta de institucionalidad, tipo de cambio sobrevaluado, maldición de recursos naturales, falta de industrialización, etc.

El análisis de la informalidad está adquiriendo mayor importancia por ser uno de los problemas más graves y complejos del mercado laboral que afecta hoy a muchos trabajadores tanto en Argentina como también en América Latina y otros países subdesarrollados. Su crecimiento en los últimos años lo muestra como un fenómeno que no puede ser considerado como marginal o temporal. En efecto, la economía informal en las áreas urbanas de América Latina creció desde un 57% en 1990 a un 63.3% en 2005 y estuvo acompañado de un respectivo aumento del empleo en el sector informal urbano y de trabajadores informales en empresas formales (Tokman, 2009). Además, la evidencia de las dos últimas décadas sugiere que no existen signos de un patrón consistente de reducción de la informalidad laboral en Latinoamérica (Gasparini y Tornarolli, 2007). En el caso de la Argentina, entre mayo y octubre del 2002, se produjo una caída de los puestos registrados con el consecuente aumento de las ocupaciones precarias. Si bien, los empleos formales e informales se expandieron desde octubre 2002 hasta el último trimestre de 2004, los últimos lo hicieron más aceleradamente que los primeros: 11,2% frente a 7% por año. Así, los puestos no registrados alcanzaron, en el segundo trimestre de 2006, niveles semejantes a los de mayo de 2002, esto es, entre un 41 y 42% (Beccaria, 2007).

El problema de la informalidad laboral ha persistido más de 30 años y sigue planteando un importante desafío en numerosos países que buscan reducirla progresivamente. Aunque la informalidad es ampliamente reconocida como un fenómeno complejo, multicausal y heterogéneo, no existe consenso entre los autores en las formas de concebir y de medir el fenómeno. Justamente la gran labilidad del concepto se traduce en una variada y no siempre coherente gama de soluciones para remediar el problema y las consecuencias que tiene en la evolución de la pobreza y disminución de ingresos y posibilidades.

De esta manera, y tal como fue expresado anteriormente se analizarán las causas de la pobreza en Argentina básicamente en dos direcciones. En primer lugar, se intentará dilucidar cuáles son los componentes del costo laboral en general en Argentina, se pretende asimismo hacer una comparación con el costo en otros países del mundo y por otro lado, el impacto que tienen las regulaciones laborales en las decisiones de los empresarios a la hora de contratar nuevos trabajadores. Veremos que ambos componentes traen como consecuencia la aparición de una fuente de trabajo alternativa para evadir dichas trabas y poder tener competitividad: el mercado laboral informal.

El resto del trabajo está ordenado de la siguiente manera. En la sección 2 se realiza un análisis descriptivo del término pobreza y su evolución en Argentina desde 1980 hasta la actualidad centrado en las distintas décadas. En la sección 3 se presenta el costo laboral y sus distintos componentes, su evolución en el país y una comparación con otros países. La sección 4 está destinada a exponer y analizar las regulaciones que tiene el mercado laboral en el país analizando distintos factores de desincentivo a la contratación en blanco tales como salario mínimo elevado y cargas sociales. También se compara el caso argentino con otros países. En la sección 5 se evalúa la evolución y situación actual del mercado informal de trabajo que surge como consecuencia de lo explicado en las secciones 3 y 4 y su relación con la pobreza. Finalmente, la sección 6 tiene por objetivo resumir los resultados hallados, brindar algunos comentarios finales y proponer una solución positiva con respecto al tema de relevancia.

2. Pobreza
2.1 Definición

“La cultura de la pobreza es aquella que tiene su propia estructura y lógica, un modo de vida que pasa de generación en generación. No sólo es un problema de privación y desorganización, un término que significa la ausencia de algo. Es una cultura en el sentido antropológico tradicional en la medida en que proporciona a los seres humanos un esquema de vida, un conjunto listo a dar soluciones a problemas humanos y que desempeña así una función significativa de adaptación”. [1]

Tal como dice Lewis, la pobreza es uno de los fenómenos sociales más preocupantes de todos los tiempos. Desde ya antes que se haya inventado la ciencia económica, el dinero, el oro o cualquier medio de pago, siempre existió aquel marginado que no pudo alcanzar a cubrir sus necesidades básicas. El hombre, como ser humano necesita cubrir ciertas necesidades para su bienestar y como fin último para su felicidad tales como: alimentarse, tener salud, educarse. Cuando éstas no se cumplen, ya podemos ver la degradación de la persona como tal y la falla en el desarrollo íntegro de cada uno.

Esta simple palabra (pobreza) es fuente de discusión entre grandes naciones, pensadores contemporáneos e incluso religiones. Por más que han surgido luego del keynesianismo y el famoso “welfare state”, las guerras y otros desastres que ha atravesado la humanidad; distintas instituciones y organizaciones internacionales que tratan de paliar el tema y lograr una mejor distribución de la riqueza, no sólo entre clases sociales sino entre países; el tema todavía no fue solucionado y se siguen muriendo millones de personas por año por falta de alimentos.

Numerosos son los economistas que han abordado dicho tema y varias son las interpretaciones que fueron dadas. La más usada es la definición que utiliza el Banco Mundial que mide la lógica de la pobreza como la incapacidad de poder procurarse de lo mínimo necesario para vivir. Hace una evolución a partir de una canasta de bienes básicos que ellos estiman que una persona necesita para vivir, y después se estima esta canasta al precio requerido para comprarla. Así, se considera como en situación de pobreza a aquellos que con su ingreso no pueden acceder a dicha canasta. Este mínimo, o línea de pobreza fijada en dólares de 1993 en términos de la Paridad del Poder Adquisitivo (donde la PPA mide el poder adquisitivo relativo de las monedas a través de los países)[2], es de:

1 dólar al día como situación de indigencia,

2 dólares al día como situación de pobreza.

En agosto de 2008, la línea de pobreza extrema fue reajustada a 1,25 dólares. Esta cantidad refleja el promedio del ingreso mínimo necesario para sobrevivir en los diez a veinte países más pobres del mundo.[3]

La medición de la pobreza tiene dos principales problemas: el de la identificación; ¿quién es el pobre?, ¿cómo trazo la línea de pobreza? y el de la agregación: ¿cómo cuenta la gente?, ¿cuento a todos los que están por debajo de la línea de pobreza por igual? Para evitar clasificar a todos los pobres por igual, muchas veces se utilizan ponderadores en los indicadores de tal manera que los que tienen menos recursos tengan un peso más fuerte que los que están justo sobre la línea.

A la vez hay distintos tipos de pobreza: relativa, absoluta, multidimensional o medida según las capacidades:

El término pobreza relativa aparece más en los países desarrollados, es una medida más sofisticada, se mide la situación contra parámetros tales como estándar social adecuado, lo que el individuo “aspira” adquirir, es relativo al conjunto de población de una sociedad determinada (UNDP 2000). El ejemplo clásico de esta forma de pobreza fue dado por Adam Smith en La riqueza de las naciones al escribir: “Por mercancías necesarias entiendo no sólo las indispensables para el sustento de la vida, sino todas aquellas cuya carencia es, según las costumbres de un país, algo indecoroso entre las personas de buena reputación, aun entre las de clase inferior. En rigor, una camisa de lino no es necesaria para vivir. Los griegos y los romanos vivieron de una manera muy confortable a pesar de que no conocieron el lino. Pero en nuestros días, en la mayor parte de Europa, un honrado jornalero se avergonzaría si tuviera que presentarse en público sin una camisa de lino. Su falta denotaría ese deshonroso grado de pobreza al que se presume que nadie podría caer sino a causa de una conducta en extremo disipada.” [4]

El concepto de pobreza absoluta fue sistematizado a comienzos del siglo XX por el británico Seebohm Rowntree[5]; cuantifica el número de personas bajo un umbral de pobreza que depende del espacio geográfico y del tiempo. Para que una medida de pobreza sea absoluta, la línea de pobreza tiene que ser la misma para todos los países sin importar su cultura y su nivel de desarrollo tecnológico. Tal medida absoluta se considera que se encuentra estrechamente relacionada con la cantidad de ingresos que obtenga una persona y solo es posible cuando todos los bienes consumidos se tienen en cuenta, cuando se usa el poder de paridad de compra y las tasas de cambio. La idea básica de la medida absoluta es que para la sobrevivencia un individuo requiere la misma cantidad de recursos en cualquier parte del mundo.

En cambio, el concepto de pobreza multidimensional está plasmado en un reporte del Banco Mundial (2001):

“The now established view of poverty as encompassing not only low income and consumption but also low achievement in education, health, nutrition, and other areas of human development.”

Esta definición tiene una diferencia con respecto a los límites que representan las diferentes perspectivas ya presentadas dado que intenta ver las diferentes dimensiones de la pobreza. De acuerdo a este enfoque más amplio, además de su aspecto social y económico, también hay otros aspectos a tener en cuenta como el acceso a la salud, a los servicios: agua potable, electricidad, educación y también un aspecto de Derecho, en donde sostiene el acceso a dichos servicios como un derecho formal de una persona como tal, es por eso que deben ser no solo garantidos para los empleados, sino que también para una persona desempleada.

Por otro lado, el economista bengalí premio Nobel Amartya Sen introdujo una nueva dimensión para medir la pobreza que son las capacidades. Aportación hecha operativa por el PNUD (2000), facilitando la distinción entre pobre y no pobre, con una visión que no se refiere al ingreso, consumo y bienestar sino haciendo énfasis en los factores que impiden a los individuos disfrutar de bienestar humano. De esta forma, sostiene que la capacidad es la habilidad para alcanzar un funcionamiento o logro. Para evaluar el nivel de vida propio dependo de la capacidad; la riqueza no mejora necesariamente las condiciones de vida. Estas condiciones pueden ser de diversos tipos, desde el acceso a la educación hasta el hecho que los ciudadanos tengan medios de transporte para tener acceso a las urnas. Solo cuando estas condiciones estén superadas, se puede decir que el ciudadano puede ejercer su elección personal. Dicha aproximación se enfoca en la libertad positiva[6] que no es común en el plano económico. De esta manera es que el PNUD mide la pobreza a través de las capacidades en relación a la educación, desnutrición, esperanza de vida, deficiente salud materna y enfermedades. Sin embargo, no abandona la idea de los ingresos y establece que una persona con mayores ingresos será capaz de alcanzar un mejor funcionamiento.

A la vez, analiza que la capacidad se ubica con la noción de libertad, más allá de los ingresos o privaciones. La libertad sirve como fuente para ejercer una elección. Cuando las personas tienen las capacidades de allegarse a los recursos (entitlements), se logra el desarrollo. Si sumamos los entitlements obtenemos la capacidad para adquirir libertad para hacer una cosa u otra. Entonces, en su curva de preferencias neoclásicas, el conjunto vector de realizaciones que la persona elija, se denomina su conjunto o vector de capacidades.[7]

[1] Lewis, Oscar, “Antropología de la pobreza, cinco familias” (2006).

2 La PPA surge de una idea desarrollada por primera vez por miembros de la escuela monetarista de la Universidad de Salamanca en el siglo XVI. Esta ley establece que todos los bienes deben costar lo mismo en cualquier parte del mundo. Es decir, si un bien cuesta 1 dólar en Estados Unidos, lo mismo debe costar en Argentina de acuerdo a la paridad. Este indicador elimina la ilusión monetaria ligada a la variación de los tipos de cambio, de tal manera que una apreciación o depreciación de una moneda no cambiará la paridad del poder adquisitivo de un país, puesto que los habitantes de ese país reciben sus salarios y hacen sus compras en la misma moneda.

Para expresar la teoría de la PPA en símbolos, sea P$ el precio de dólares de una canasta de bienes particulares y PDM el precio por la misma canasta de bienes en marcos alemanes. La teoría de la PPA predice que el tipo de cambio dólar/DM debe ser equivalente a : Tipo de cambio $/DM= P$/PDM por lo tanto, si la canasta de bienes cuesta 200 dólares en Estados Unidos y 600 marcos alemanes en Alemania, la teoría predice que el tipo de cambio dólar/DM debe ser 200/DM600 o $0.33 por DM (Es decir, $ 1=DM3) respecto consulte HILL, Charles, Negocios Internacionales. Edit. Mc Graw Hill. Tercera edición. P. 321 y 322. 2001.

3 Banco Mundial (2008). The Developing World Is Poorer Than We Thought, But No Less Successful in the Fight against Poverty. S. Chen y M. Ravallion, Washington: Banco Mundial.

4 Smith, Adam, La riqueza de las naciones (1776).

5 Seebohm Rowntree en Poverty: A Study of Town Life (1901)

6 Es la capacidad real de una persona de ser o de hacer algo.

7 SEN, Amartya K. Development as Freedom. Oxford: Oxford University Press; New York: Alfred Knopf, (1999).

2.2 Pobreza en Argentina

En 1913 Argentina tenía uno de los ingresos más altos del mundo. El progreso económico mundial en ese período se vio interrumpido por la gran guerra, la depresión y la segunda guerra mundial. El problema en Argentina fue que no se recuperó de la misma manera que otros países con similares tasas de crecimiento antes de la primera guerra mundial. Este es uno de los grandes enigmas de la historia económica argentina ¿Por qué se estancó la economía en los últimos 90 años? Sin lugar a duda alcanzamos la etapa de “despliegue” económico pero después nos quedamos estancados. Los últimos decenios han demostrado que la desigualdad se ha venido profundizando, lo que se tradujo en un aumento del nivel de pobreza.

En este trabajo, vamos a analizar la evolución de la pobreza en Argentina desde 1980 hasta 2012 y algunas medidas tomadas para mitigar este fenómeno. En Argentina, el INDEC es la organización que calcula la cantidad de personas y hogares bajo la línea de pobreza basándose en los datos de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares). El procedimiento se basa en medir, de acuerdo al IPC[1] (Índice de Precios al Consumidor) una canasta básica de alimentos (CBA), se parte de ésta medida y se la amplía con bienes y servicios no alimentarios y se llega a la canasta básica total (CBT); todo el cálculo es mensual. Luego se clasifican en situación de pobres a todos aquellos hogares cuyo ingreso no supera la CBT y como indigentes a todos aquellos hogares que no superan la CBA. El problema que presenta el país es que las estadísticas oficiales no son confiables ya desde 2006, por eso desde 1980 a 2005 inclusive voy a usar los datos del INDEC, pero desde 2006 en adelante tomaré los datos del observatorio de la deuda social que realiza la UCA para medir los niveles de pobreza.

2.3 Evolución de la pobreza a través de distintos gobiernos

En los años 50 el peronismo introdujo los conceptos de dignidad y justicia como componentes ineludibles de la representación política y social basada en los derechos. Durante los años sesenta y setenta la Argentina era muchísimo menos pobre e inequitativa que la actual, la pobreza no superaba el 5% y el trabajo informal era menor al 10%. En esa época, las discusiones sobre la pobreza tuvieron un tinte ideológico y tomaban como eje el problema de la dependencia, su impacto sobre el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales y la explotación de quienes estaban dentro del sistema. Pero la exclusión como fenómeno masivo no figuraba en la agenda política. Era claramente un país muy diferente al actual.

Pero después del shock de Martínez de Hoz, los ochenta vieron un inicio de un deterioro más acelerado. Se dio un aumento de la pobreza y la inequidad, surgieron los ‘nuevos pobres’ y las villas comenzaron a crecer en un proceso en cascada que combinaba migraciones internas con el eufemismo de la “caída en la pobreza”, expresión de la reversión del proceso de movilidad social que caracterizó a nuestro país durante los cien años anteriores.

La principal preocupación de los no pobres se manifestó con el temor hacia el crecimiento de la exclusión. Esta se expresaba por las villas miseria y por la presencia de inmigrantes de países vecinos.

Tal como expone Javier Auyero: “Difícilmente pueda uno dar con una configuración urbana que haya sido (o aun sea) la depositaria de tantas (la mayoría de las veces malas) representaciones, de tantas esperanzas en el pasado y tantos miedos en el presente. Las villas fueron retratadas como el ejemplo acabado del fracaso del populismo peronista durante los años cincuenta, como suerte de laboratorios para los sueños modernizadores de los años sesenta, como cunas de la revolución de los setenta, como obstáculos para el progreso y como germinadores de subversión durante la última dictadura, como lugares de inmoralidad, crimen y ausencia de la ley en la Argentina contemporánea. En la actualidad, la discusión pública sobre la inseguridad recurrentemente menciona a “la villa” y los “villeros” (un mote que se aplica a todas las personas que viven en zonas pobres, sean estas villas o no), como una amenaza. En la Argentina fragmentada y polarizada, las villas son zonas que hay que eludir, zonas de crimen a ser temidas y evitadas […] la villa aparece como el origen desconocido e impenetrable de la actividad criminal”.[2]

Los años noventa recibieron un Estado de Bienestar deteriorado por la crisis económica y fiscal; y el aumento del desempleo y la informalidad ya se enquistarían en la sociedad para quedarse para siempre y no como algo provisorio o un fenómeno momentáneo. Así, a mediados de la década surgieron planes tales como el plan trabajar.

Luego de cada crisis que Argentina fue superando gracias a grandes endeudamientos o entrada de capitales y divisas por exportaciones, fueron quedando nuevas capas de pobres que se hundían cada vez más.

Gráfico 1: Tasas de pobreza e indigencia en Argentina desde 1998 hasta 2010.

Hoy, luego de siete años de elevadas tasas de crecimiento, vemos como los planes jefes y jefas del hogar y el plan de asignación universal por hijo ni el sistema micro financiero son suficientes para que diez millones de personas salgan de la pobreza.

Es por ello que en este trabajo se va a abordar el tema de la pobreza desde una de sus causas: el mercado de trabajo y sus fallas.

3. Costo Laboral:

El costo laboral tiene una importancia fundamental en el mercado de trabajo debido a su impacto directo sobre la rentabilidad empresarial, su influencia sobre las decisiones de incorporación de personal y las negociaciones salariales. Por lo tanto, resulta relevante disponer de indicadores objetivos del costo laboral que reflejen su nivel, evolución y componentes (salarios, precios de producción y productividad laboral).

Resulta interesante abordar el costo laboral desde distintos aspectos. Para el empresario individual, la retribución al trabajador más los impuestos que debe pagar (contribuciones patronales) forman parte del costo laboral en términos nominales. Sin embargo, el costo laboral relevante para las firmas no sólo debe considerar lo que pagan a sus trabajadores sino también los precios de venta de los bienes que surgen de la producción. Tomaremos entonces el costo laboral real, que expresa el costo laboral nominal en términos de los precios de los bienes y servicios producidos. Por otro lado, resulta interesante considerar las cantidades producidas teniendo en cuenta el número de trabajadores empleados en la producción, es decir, dar cuenta de los costos laborales por unidad de producción. Con este objetivo utilizaremos el costo laboral real unitario, que muestra la relación existente entre los costos laborales reales y la productividad por trabajador.

Las ganancias de productividad laboral constituyen una variable fundamental que permite moderar el impacto de los incrementos salariales sobre el costo laboral sin que necesariamente se genere inflación o una reducción en los márgenes de rentabilidad empresarial y que consecuentemente afecte a la inversión.

Asimismo, para las empresas que deben enfrentar la competencia externa, el costo laboral expresado en moneda nacional no resulta adecuado ya que su producción compite directamente con firmas que enfrentan costos valuados en moneda extranjera. Es por esta razón que el indicador de referencia para las empresas que producen bienes transables[3] (es decir, potencialmente comercializables con el exterior) es el que expresa el costo laboral en términos de las monedas extranjeras relevantes para el comercio internacional del país. A este indicador lo llamamos costo laboral real unitario en moneda extranjera.

A fin de llevar a cabo este objetivo, resulta conveniente realizar una breve descripción de los indicadores que se utilizarán y establecer la relación existente entre ellos. De esta forma, los indicadores relevantes son:

El costo laboral unitario, entendido como el cociente entre costo laboral total (salarios + contribuciones patronales) y el índice de precios implícito de la producción;
La productividad laboral, es decir, el cociente entre la producción y la cantidad de trabajo;
El costo laboral por unidad de producto, que es la razón entre los dos indicadores mencionados anteriormente;
El costo laboral relativo, que expresa la participación de la masa salarial (bruta de contribuciones patronales) en el valor agregado generado en la producción (participación de los factores productivos en el ingreso).

Gráfico 2: Indicadores de costo laboral en Argentina.

Fuente: Amar, Anahí, Pastrana, Federico y Villafañe, Soledad, Costos laborales y competitividad en la Argentina contemporánea. Dirección de Estudios y Coordinación Macroeconómica, SSPTyEL, MTEySS (2011).

En términos generales, el costo laboral total (CLT) surge de las remuneraciones pagadas a los asalariados, que en el caso del sector formal de la economía incluyen las contribuciones patronales al sistema de seguridad social, y de la cantidad de puestos. Este se deflacta por el índice de precios que resulte relevante y si lo que interesa conocer es el costo laboral real por unidad de producto (CLU), se incorpora el componente de la productividad, es decir, la relación entre producción y empleo. Así, expresamos al CLU de la siguiente manera:

Q= productividad del trabajador, medida como el cociente entre producción y empleo.

P= precio de cada unidad de producto.

El Costo Laboral Unitario es un indicador de sustentabilidad económica que permite monitorear la relación entre la evolución de los salarios y la presión sobre los precios. Operativamente se obtiene del cociente entre el costo laboral (es decir, la suma de la remuneración de bolsillo más los costos no salariales) y la productividad. La productividad, por su parte, se mide como las cantidades físicas producidas por hora de trabajo.

Si el Costo Laboral Unitario aumenta existen presiones inflacionarias ya que las empresas están enfrentado una expansión en sus erogaciones que no se compensa por una mayor producción por hora trabajada. Esta inconsistencia deriva en que las empresas, más temprano que tarde, trasladen los aumentos de salarios a los precios. Por el contrario, la estabilidad en el Costo Laboral Unitario señala que existen condiciones favorables para la estabilidad de precios con crecimiento del salario real. Esto es consecuencia de que las remuneraciones pueden crecer y las empresas absorber dichos aumentos sin aumentar los precios porque logran compensarlos con una mayor productividad.

Vemos en este caso, cómo se puede disminuir el costo laboral unitario a través de un aumento en la productividad o un aumento en los precios de cada unidad de producto, estas dos medidas son relevantes.

Para el caso del sector de producción de bienes transables, dado que están expuestos al comercio internacional debemos incorporar el TCR para expresar el CLU en moneda extranjera; por lo cual el cálculo queda de la siguiente forma:

TCRM= tipo de cambio real multilateral (a medida que la moneda se devalúa con respecto a otras, el CLU en moneda extranjera es más bajo).

La determinación del nivel y evolución de los costos laborales constituye un elemento de importancia para evaluar por un lado la competitividad de la economía, tanto en términos del impacto que ejercen las instituciones del mercado de trabajo, como a través de la comparación de los costos laborales. Por otro lado, a partir del análisis de la evolución de los costos laborales se intenta evaluar la existencia o no de presiones inflacionarias subyacentes.

Dado que en nuestro país la moneda nacional está sobrevaluada y existe “atraso” cambiario, se producirán ganancias reales de la competitividad laboral (c) cuando la tasa de crecimiento de la productividad (q) del trabajo no solo sea superior a la del costo laboral (cl) sino que además sea suficiente para compensar el efecto del atraso del tipo de cambio (Tc).

c= q – cl + Tc[4]

Igualmente, debido a las complicaciones, para simplificar en esta tesina no se tendrán en consideración los efectos generados por el atraso cambiario, simplemente se expone el efecto para tener en cuenta y no pasar el dato por alto.

En la Argentina, es posible captar, a través de información secundaria disponible, las diferencias de costos entre regiones que provienen de diferencias salariales. No existe en cambio información apropiada sobre costos no monetarios abierta por región, como tampoco se cuenta con diferencias en términos de tiempo efectivamente disponible (ausentismo y horas efectivamente trabajadas por región), ni sobre las discrepancias tecnológicas en actividades dadas. Aún así resulta posible lograr una aproximación al nivel y evolución reciente del costo laboral.

En el siguiente gráfico, se puede vislumbrar el crecimiento de los costos laborales en Argentina, el CTR (costo total real) en 2009 es casi el doble que en 2003.

Gráfico 3: Costo laboral privado (Base 2001=100)

Fuente: Amar, Anahí, Pastrana, Federico y Villafañe, Soledad, Costos laborales y competitividad en la Argentina contemporánea. Dirección de Estudios y Coordinación Macroeconómica, SSPTyEL, MTEySS (2011).

Tal como vemos en el gráfico, el período 1997-2001 se caracterizó por costos laborales crecientes, producto de la deflación de precios asociada a la recesión y la restitución parcial de las contribuciones patronales eliminadas durante el primer período del Plan de Convertibilidad, en tanto que el poder adquisitivo del salario se mantuvo relativamente constante.

El cambio de estructura de precios relativos originado por la devaluación de 2002 permitió recomponer los niveles de rentabilidad sectoriales, reduciendo fuertemente los costos laborales, en tanto que el poder adquisitivo del salario comienza a recuperarse recién a partir de 2003. Así, desde dicho año el poder adquisitivo del salario crece más rápidamente que el costo laboral.

A raíz del gráfico anterior se puede dividir en dos subperíodos: 1993-2001 y 2001-2009. Dentro del primer período, durante 1993-1997 hubo una importante reducción del costo laboral, esto se produjo principalmente por incrementos en la productividad, originados en incrementos de la producción con disminución de plantel de personal y una política de reducción de las contribuciones patronales. Durante 1997-2001, los costos laborales subieron a raíz de caídas en la productividad laboral que se originaron en la recesión (mediados de 1998). En ese mismo período se da una deflación recesiva paulatina, con salarios nominales inflexibles a la baja que resultan en un incremento de los costos laborales.

En el año 2002 debido a la devaluación y los mayores precios internacionales de los productos exportables se redujo el costo laboral por unidad de producto. Durante el período 2003-2009 la recuperación salarial post-devaluación (72%) impactó menos sobre el costo unitario ya que fue compensado parcialmente por el incremento de precios de producción.

En el siguiente gráfico, se puede vislumbrar el costo laboral en el empleo privado (en rojo), que aumenta en forma ininterrumpida desde 2003 hasta la actualidad, llegando en 2012 a una tasa de crecimiento interanual de 12% (en contraste al 2003 que el costo decrecía). Claramente las medidas de los gobiernos kirchneristas, sobretodo con respecto al poder que se le dio a los sindicatos, favorecieron este aumento del costo

laboral.

Gráfico 4: Crecimiento de la economía y el empleo privado registrado, y el costo laboral en Argentina (2003 a 2012).

Fuente: IDESA con base a Ministerio de Economía.
[1] Cecchini, Simone, y Martínez, Rodrigo (2011), “Protección social inclusiva en América Latina. Una mirada integral, un enfoque de derechos”, Libro de la CEPAL, N° 111, Santiago de Chile. Publicación de las Naciones Unidas, No de venta: S.11.II.G.23.

[2] ARKLEMS + LAND es un proyecto argentino creado con el fin de medir y comparar internacionalmente las fuentes del crecimiento económico, la productividad y la competitividad de la economía argentina mediante la metodología KLEMS(Capital, Labor, Energy Material and Service Inputs), ideada por el Dr. Dale Jorgenson de la Universidad de Harvard. Está organizado por un conjunto de investigadores argentinos de la Universidad de Buenos Aires con experiencia en más de quince años en medición KLEMS.

TFP= crecimiento de la producción con respecto al crecimiento ponderado de los insumos o factores productivos: insumos intermedios, capital, trabajo, etc. Por el método de cálculo la TFP refleja no sólo progreso tecnológico no incorporado en los factores sino también mejoras de eficiencia y toda otro fenómeno que permita acrecentar la producción sin incrementar los costos medios.

[1] Lewis, Oscar, “Antropología de la pobreza, cinco familias” (2006).

[2] La PPA surge de una idea desarrollada por primera vez por miembros de la escuela monetarista de la Universidad de Salamanca en el siglo XVI. Esta ley establece que todos los bienes deben costar lo mismo en cualquier parte del mundo. Es decir, si un bien cuesta 1 dólar en Estados Unidos, lo mismo debe costar en Argentina de acuerdo a la paridad. Este indicador elimina la ilusión monetaria ligada a la variación de los tipos de cambio, de tal manera que una apreciación o depreciación de una moneda no cambiará la paridad del poder adquisitivo de un país, puesto que los habitantes de ese país reciben sus salarios y hacen sus compras en la misma moneda.

Para expresar la teoría de la PPA en símbolos, sea P$ el precio de dólares de una canasta de bienes particulares y PDM el precio por la misma canasta de bienes en marcos alemanes. La teoría de la PPA predice que el tipo de cambio dólar/DM debe ser equivalente a : Tipo de cambio $/DM= P$/PDM por lo tanto, si la canasta de bienes cuesta 200 dólares en Estados Unidos y 600 marcos alemanes en Alemania, la teoría predice que el tipo de cambio dólar/DM debe ser 200/DM600 o $0.33 por DM (Es decir, $ 1=DM3) respecto consulte HILL, Charles, Negocios Internacionales. Edit. Mc Graw Hill. Tercera edición. P. 321 y 322. 2001.

[3] Banco Mundial (2008). The Developing World Is Poorer Than We Thought, But No Less Successful in the Fight against Poverty. S. Chen y M. Ravallion, Washington: Banco Mundial.

[4] Smith, Adam, La riqueza de las naciones (1776).

[5] Seebohm Rowntree en Poverty: A Study of Town Life (1901)

[6] Es la capacidad real de una persona de ser o de hacer algo.

[7] SEN, Amartya K. Development as Freedom. Oxford: Oxford University Press; New York: Alfred Knopf, (1999).

[1] En Argentina este índice es elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Se construye utilizando los patrones de consumo de los hogares de la Ciudad de Buenos Aires y los 24 partidos del Gran Buenos Aires. El IPCGBA mide cómo evolucionan, en promedio, los precios de una canasta representativa del gasto en bienes y servicios de esos hogares, pero no cuánto vale dicho conjunto de bienes y servicios, en un momento del tiempo. Un aumento en el índice, implica una disminución en el poder de compra del dinero en función de los precios medios de ese conjunto de bienes y servicios de consumo; cuando baja, refleja un aumento del poder de compra del dinero en esos

[2] En Wacquant, Loic, Parias urbanos, Buenos Aires, Manantial (2007).

[3] Agropecuarios, mineros, pesqueros e industriales.

[4] Víctor E. Tokman, Daniel Martínez, “Costo laboral manufacturero: sobre la competitividad y la protección de los trabajadores”, Oficina Internacional del Trabajo, Documento de trabajo 46

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