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Néstor Kirchner Fue Muerto de Un Disparo?

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porChristian Sanz

La historia comenzó a cobrar fuerza en los últimos días en Internet gracias a la tracción de las redes sociales. Allí, se reproduce la carta de un supuesto médico que denuncia que Néstor Kirchner tenía un disparo de bala en su mejilla. Para darle fuerza, se dejó trascender que el documento provenía de Anonymous argentina.

Dice el texto:

Soy el médico clínico Raúl Vizcaino, DNI, 10.083.432, atendí a Néstor Kirchner en el Hospital de Calafate, tras su arribo a la centro asistencial en el que trabajaba, antes de los acontecimientos que paso a relatarles, el 27 de octubre de 2010 a las 7.34 de la mañana fui testigo de un magnicidio. El ex. Presidente, arribo al hospital con una herida de bala en el pómulo izquierdo como punto de entrada, y el lóbulo derecho el punto de salida, lo que le provocó la muerte instantánea. Asumiendo que había sido un atentado, cuando pude asistir a hablar con los miembros de la seguridad presidencial, para interesarme por lo que había ocurrido, uno de los agentes me comento que estaba solo con la Sra. Presidenta, cuando se sucedió el disparo, y que no había nadie más.

A lo que asumí que o eran ellos mismos quienes lo asesinaron, o alguien desde afuera. Asumí que todo esto si iba a saber y que la consternación nacional seria como después lo fue, pero con otros argumentos. Desde ese día, vivo huyendo, y escondiéndome, trabajando en negro en panaderías, talleres, o lo que sea que encuentre. Conseguí un documento falso, para poder dar cierto grado de credibilidad a mis empleadores. Mi pareja falleció en un confuso accidente, a los dos días de la muerte del expresidente, cuando se encontraba realizando tramites en Rio Gallegos. Yo tuve que escapar del Calafate, al ver que a una de mis enfermeras del hospital las amenazaron de muerte, si comentaban algo de lo que habían visto. Un mes más tarde, fue removido el director del hospital del Calafate, Dr. Marcelo Bravo, diciendo que renunciaba, y se anunció la construcción de un nuevo y más completo hospital en otra zona de la ciudad.

Me persigue gente de aspecto policial o de fuerzas armadas de civil, y tengo orden de captura con mi foto pero con el nombre de Luis Rafael Piccinetti, por el crimen de un Tucumano, pero la foto, es la de mi DNI.

Aquí a punto de partir desde Santiago de Chile, a donde llegue de manera ilegal, asistido por gente que creyó en mi historia, parto con rumbo desconocido.

Dios quiera que algún día pueda regresar a mi Calafate querido, encontrarme con los afectos, y que sepan que estoy bien, que me cuesta dormir en las noches, y que vivo con miedo. Mis padres son vigilados, al igual que mis hermanos, colegas, y vecinos del Calafate. No espero que me crean, les pido a quienes tengan la posibilidad, averigüen que paso esa mañana. La Presidenta debe hablar al respecto y contar lo que paso, o que la justicia investigue. No se cuánto tiempo más me quede. Yo vi que fue asesinado, de un tiro limpio, con sus ojos cerrados, y según mis cálculos, pudo haber muerto estando acostado porque su cabeza y espalda estaban bañadas en sangre, y su cara limpia, con el orificio de entrada. No se qué fuerzas o que personas son las responsables de esto, ya no tengo una vida. Y temo por el destino de mi patria, si hemos de ser dominados por gente que puede ser capaz de hacer esto.

A simple vista, se nota que el mensaje es falso, con un dramatismo exacerbado y un relato muy poco creíble. ¿Cómo creer que un médico no pueda dar una descripción más precisa de lo que supuestamente vio?

Más allá de ese detalle, llaman la atención ciertas imprecisiones, como el hecho de que el Dr. Marcelo Bravo habría renunciado a su cargo en el Hospital de El Calafate inmediatamente después de la muerte de Néstor Kirchner.

En realidad, el galeno se fue de allí en septiembre del año 2012 por cuestiones que nada tuvieron que ver con el ex Presidente sino más bien por un conflicto de personal de ese nosocomio.

A su vez, el DNI que aparece en el texto, atribuido a Vizcaíno también es falaz. En realidad, corresponde a una mujer llamada Ester Alicia Czakakowaky, domiciliada en la calle Pino 6437, de Avellaneda, Buenos Aires.

Finalmente, el dato más elocuente: ningún Raúl Vizcaino atendió a Kirchner el 27 de octubre de 2010, día en el que falleció.

Ante todo lo dicho, hay que admitir lo inevitable: se está ante una nueva leyenda urbana.

Lo triste es que, sin hacer el mínimo chequeo que hizo este diario, cientos de personas han impulsado esta historia como si fuera real, aportando una innecesaria cuota de desinformación a la incertidumbre ya existente.

No es la primera leyenda, ni será la última que se dé a conocer respecto a un tema de interés público.

Ello no es bueno ni malo, solo es un síntoma de la falta de rigor y escepticismo que vive hoy la sociedad.

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Domingo 17 ABR 2016 18 horas atrás

porHugo E. Grimaldi (*)

Las novedades judiciales de alto calibre que tuvieron su pico máximo durante la última semana con la presencia de la expresidenta Cristina Fernández en los Tribunales, las que a su vez derivaron en la compulsa pública macrismo vs kirchnerismo, le quitaron todo el brillo que merecía la mejor buena noticia que el Gobierno le ha podido ofrecer a la sociedad en sus cuatro meses de gestión: la salida por fin del ominoso default de 2001, tras pasar por una última y penosa etapa de zozobra judicial en los Estados Unidos, dejada a propósito en un limbo ideológico por la anterior administración.

En contrapartida, en la pelea de la política doméstica se dieron para la distracción una sucesión de hechos, declaraciones, discursos, acusaciones y movidas varias de las dos partes, todas cuestiones de gran despliegue informativo que hacen también su ruido en la economía, ya que la cara más visible de la pulseada son la inflación y la corrupción, flagelos que terminan perforando el bolsillo de los ciudadanos.

Sin embargo, el objetivo de la deuda, conseguido además con un gran trabajo de búsqueda del consenso de otras fuerzas políticas por parte del oficialismo, incluida la colaboración del peronismo más sereno, debería haber merecido muchas más explicaciones. Quizás, para los estándares del presidente Mauricio Macri haber hecho una primera cadena nacional con las implicancias de este tema no resultaba ser algo muy relevante pero, decididamente, no alcanzó con la foto de la euforia del ministro Alfonso Prat-Gay.

Si hay algo que el Gobierno trasunta son sus inseguridades y eso se refleja claramente en su modo de transmitir los hechos de gobierno. Ya hay voces internas que hablan de una campaña para decir que el modo de comunicar es deficiente con el propósito de horadar la credibilidad. No es así, hay fallas por los cuatro costados y algunas son simplezas tales de puro sentido común que no se necesita obtenerlas de la currícula universitaria.

Desde ya, que las autoridades no tienen el glamour kirchnerista de hacer de cada cuestión un show y está bien, en todo caso, que se prefiera completar las obras, antes que anunciarlas, pero a veces parece que los equipos de comunicación se han olvidado algunas bolillas al respecto. Más allá de la discriminación hacia algunos medios, la semana pasada, hubo un par de anuncios bien importantes que involucraron a la provincia de Buenos Aires que quedaron de lado, opacados por los discursos oficiales. Y lo peor, es que no hubo activismo alguno desde la Casa Rosada por difundirlos.

En materia de vacilaciones tiene también el Gobierno -o el Presidente quizás- una suerte de complejo en relación a sus antecesores. Quiere mostrarse firme en la calle y le regala la custodia del acto de CFK a La Cámpora, en cuyas filas la televisión mostró a muchos niños que recién están entrando en la adolescencia, ataviados con pecheras azules. El oficialismo miró para otro lado, pero nadie desde la política, ni tampoco jueces ni fiscales, se atrevió a marcar el despropósito que va más allá de cualquier adoctrinamiento, como poner pibes en la calle como fuerzas de choque para amedrentar y agredir a periodistas, por ejemplo.

Otra. El Gobierno no desea parecer populista, pero se empeña en mostrarse como tal, con declaraciones que, como las del apoyo de Macri a los taxistas, tienen que ver más con arreglos de la política con el sindicato que con la lógica de proteger la libertad de elección de muchas personas que no quieren quedar como rehén. Hay que exigir que Uber cumpla con todas las normas y que en su ilegalidad no se equipare a los manteros o a los talleres clandestinos, a los que nunca se los termina de perseguir, pero tampoco se puede ir contra la tecnología y sobre todo, contra la comodidad y la billetera de la gente.

Tampoco Macri quiere aparecer como anti-Estado y se la pasa elogiando la fortaleza de las políticas públicas, mientras racionaliza la Administración central y los organismos, aún a costa de que lo acusen de ser un despedidor serial o un descarnado ajustador de tarifas y por ello, ha elegido con mucha lógica un mecanismo gradual de vuelta a la normalidad para ir zafando de las múltiples trampas que le dejó el gobierno anterior.

Por todo ello, el Presidente está pagando un alto costo político desde varias vertientes y parece que no logra procesarlo. Le pega la izquierda desde ya, pero también la derecha más recalcitrante y recibe duras críticas de la Iglesia que habla, con música vaticana, de un “renacer” de las políticas noventistas en la Argentina. Cuando el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, habla del “neoliberalismo” del Gobierno es entendible desde su posicionamiento político, pero mueve a risa.

La importancia del arreglo conseguido en los EEUU, algo así como salir del Veraz internacional de morosos, no es para nada un pacto con los poderes que sostuvieron aquellas políticas, tal como dice el kirchnerismo más furioso, sino algo lógico que implica una vuelta a la normalidad de la Argentina, pero también una ratificación efectiva de dos cambios de paradigmas que Macri prometió durante la campaña.

El primero, el de inserción en el mundo, es algo que la canciller Susana Malcorra, quizás la funcionaria más eficiente del Gobierno, está ejecutando sin pausa alguna no sólo con los Estados Unidos, sino con Europa, Rusia, China y con la región, especialmente. El segundo viraje, macroeconómico pero también pragmático, marca que hoy los fundamentos para llegar el desarrollo se basan en la inversión, mientras que declina el consumo como motor, pieza maestra del “vivir con lo nuestro”.

Y esto es así y potencia la importancia de la salida del default, porque ese hito conlleva la posibilidad de conseguir créditos de organismos internacionales que permitirán encarar nuevas obras de infraestructura que generen empleos y también acceder al mercado de colocación de deuda para hacer frente al déficit fiscal, alisar el ajuste y preparar la plataforma para 2017. Mirando hacia el año próximo, una cuestión bien importante y práctica de la normalización es que no sólo podrá endeudarse la Nación, sino también las provincias, los bancos y los particulares y se espera que a un costo mucho más benigno.

Ante esta eventualidad, el Gobierno sabe que para acceder a los escalones de tasas como los que la Argentina aspira deberán vivirse dos instancias previas: a) que quizás deba pasar algún tiempo más bien corto para que se plantee el plan integral que los mercados esperan desde lo fiscal, lo monetario, lo cambiario y lo productivo y b) algunos meses más para que se emita menos, se encarrile la cuestión inflacionaria en el segundo semestre, bajen las tasas, se perciba un mayor nivel de actividad y desaparezca el temor por el desempleo.

En este sentido, quizás por el torniquete que produce la inflación en la relación Gobierno-opinión pública y hasta por algunas decepciones que parece haber experimentado con los hombres de negocios (“Necesitamos empresarios que se pongan a invertir. Y no de aquellos que, ante el primer síntoma de libertad, aprovecharon para remarcar precios de una manera descarada”, dijo) aún Macri no ha podido volver a enamorar como cuando prometió una suerte de “sangre, sudor y lágrimas”.

Justamente, las ambigüedades probablemente culposas que lo atormentan y las dificultades para establecer una comunicación más acorde con las circunstancias tienen amarrado al Presidente. Su breve discurso para dar a conocer “medidas concretas” de carácter social, algunas adelantadas a los sindicalistas de las tres CGT durante la semana, lo mostró este sábado más con ganas de decir que lo peor estaba pasando que en explicitar de qué se trataba, mientras que la comunicación de apoyo, basada en el estilo de los mejores panfletos voluntaristas del kirchnerismo, también resultó ser un desastre, ya que con un “vamos a” y “se enviará” tal o cual proyecto al Congreso terminó de aguar los anuncios.

Lo concreto es que este Macri, con algunas de sus convicciones algo apagadas, preocupado por la actualidad y con el freno de mano puesto es quien cotejó la semana pasada con Cristina por el podio de los tropiezos y cada uno echándole la culpa al otro de generar hechos para tapar los desaguisados del contrincante: la inflación tuvo que contrastar con el dólar-futuro y los Panamá Papers con Lázaro Báez. En relación a este último caso, desde que se vieron las imágenes del obsceno conteo de billetes en La Rosadita, todos saben que no es la causa del dólar-futuro la que más le preocupa a Cristina, ya que ella alegó que se trató de una decisión política y, por lo tanto, no judiciable. Contra la gravedad de la llamada ruta del dinero K, de presunto lavado de dinero que ya tiene a Leonardo Fariña como informante privilegiado y la causa Hotesur de alquiler de habitaciones que nunca se ocuparon justamente a empresas de Báez, investigación que deja más que expuesto a su hijo Máximo, no hay qué se le oponga. No obstante, Cristina hizo lo suyo para ocupar otra vez el centro del escenario político. Ella, quien es una gran experta en el arte de mostrarse como perseguida y estupenda actriz en el manejo del micrófono, sacó ventaja de la citación judicial y armó una gran puesta ya desde antes de salir de su casa en El Calafate, luego en el avión, más tarde en la Recoleta y el jueves adentro y afuera de los Tribunales de Comodoro Py.

La Cámpora, una facción que separada del justicialismo y sin el sustento ideológico de la Jefa casi venía barranca abajo y que por eso la esperaba con los brazos abiertos, fue quien más empujó para que se presentara tal como lo hizo, con un escrito de alto voltaje político y sin responder preguntas del juez Claudio Bonadio, a quien primero ninguneó en su despacho y luego criticó ferozmente en el importante acto que hubo en la calle bajo la lluvia, donde hubo ausencias más que notorias de dirigentes peronistas.

Que el magistrado la haya llamado a declarar como imputada y que le haya regalado tal escenario de victimización le fue enrostrado al Gobierno como una debilidad, aún por muchos institucionalistas, como si hubiera sido mejor que los operadores del macrismo hubiesen meloneado a Bonadio para que pateara la pelota para adelante. Si ése fue un desacierto impensado, entonces qué no decir del estupendo presente que el kirchnerismo le regaló al Gobierno, con las fotos del colectivo lleno de ex funcionarios que iban más que sonrientes a la manifestación, muchos de ellos prestos a pasar también por los Tribunales más que pronto en causas de diverso pelaje y color y algunos en más de una. Ni qué agregar de la postal del barbado Amado Boudou.

Los errores no forzados son casi exclusivos del tenis o del ajedrez. Siempre se necesita la cabeza fría, pero en política directamente se llaman estupideces.

(*) Especial para Mendoza Post

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Lunes 21 MAR 2016 27 días atrás

Secretario General de Redacción

porChristian Sanz

La corrupción del kirchnerismo, a través del eficaz testaferro Lázaro Báez —valijeros mediante— es solo una parte de lo que terminó de revelar anoche Jorge Lanata.

También se comprobó algo más, tan incómodo como real: cómo actuó el periodismo operador, siempre a sueldo de los oscuros servicios de Inteligencia. Con fondos del Estado, o sea, de todos nosotros, claro.

Se trató de los Mauro Viale, los Jorge Rial, los Luis Ventura, los Rolando Graña —el que más cobra, ciertamente—, los Daniel Tognetti, los Diego Brancatelli, los Gustavo Sylvestre, los Roberto Navarro, los Hernán Brienza, los Camilo García, las Julieta Mengolini, y tantos otros, impresentables todos.

La mayoría de ellos, no casualmente fueron cobijados por la pantalla de América TV, un canal siempre proclive a las más oscuras operaciones de prensa.

Rial y Ventura, las dos caras de la misma moneda

Luego del programa de anoche, todos quedaron como lo que son: meros voceros de intereses oscuros, más preocupados por desacreditar al periodismo independiente que a investigar hechos de corrupción.

No son periodistas, claro que no: son mercenarios, cómplices del latrocinio que llevaron a cabo puntuales funcionarios del kirchnerismo —algunos pocos son la excepción—, a través de la discrecionalidad más execrable.

Estos hombres de prensa, que no merecen llamarse así, han cobrado fortunas durante años, que salieron de los impuestos que pagamos los ciudadanos honestos, y no solo no hicieron su trabajo, sino que además ensuciaron a aquellos que sí pretendieron —pretendimos— hacerlo con honestidad.

678, propaganda disfrazada de periodismo

No hay que olvidar sus nombres, ni uno de ellos, porque son los mismos que suelen acomodarse al calor del poder de turno. Por caso, muchos de los mencionados fueron los mismos que defendieron la cuestionable gestión de Carlos Menem.

Hay una máxima en el periodismo que dice que “la información no nos pertenece”. Esto quiere decir que, en realidad, es potestad de la sociedad.

Cuando alguien comercializa lo que no le corresponde, comete un delito, y viola la confianza de la sociedad toda. A su vez, quiebra el punto más sensible de la idiosincrasia de la prensa: su costado ético.

Navarro, millones en pauta para desacreditar a los enemigos K

En ese contexto, lo que hicieron estos personajes, que no merecen ser llamados periodistas, es más grave de lo que aparenta.

Por lo dicho, Lanata merece un aplauso porque, al exponerlos, los dejó al desnudo, como ese viejo y conocido cuento del rey que no tenía vestimenta. No es poco.

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Martes 12 ENE 2016Martes 12/01/16 atrás

Director Periodístico

porRicardo Montacuto

Primero: Es malo que haya voces monocordes. Y que no exista diversidad de medios. Resulta de baja calidad democrática que 678, TVR y Víctor Hugo Morales no estén más al aire, aunque sus contenidos no eran periodísticos sino propaganda de un sector político, en la mejor de las consideraciones.

De la misma forma, es malo que el acceso a la información pública sea un chiste, y que no haya una ley de publicidad oficial que salvaguarde a medios y gobiernos de extorsiones mutuas.

Respecto de las formas, el despido de Víctor Hugo Morales fue de una desprolijidad berreta. Le hubiesen dejado decir lo que quisiera. Al relator lo despidió la radio que lo mantuvo haciendo ultrakirchnerismo muchos años, hasta que el mexicano Remigio González González se hizo de Continental vía un testaferro. El empresario fue otro de los bendecidos por millonadas del kirhcnerismo en pauta oficial.

Ahora, lo central. Sectores kirchneristas han convocado a una movilización por la libertad de expresión y en defensa de Víctor Hugo Morales, lo que es absolutamente legítimo. Las redes sociales están repletas de críticas furibundas al macrismo y a Cambiemos por la suerte desgraciada del conductor. Pero son los mismos sectores que hicieron silencio o que directamente festejaron cuando ocurrieron casos de censura grosera en épocas del kirchnerismo.

Nelson Castro.

En medio de un festival de escraches, “juicios públicos”, y campañas difamatorias, en enero de 2009 Nelson Castro fue sacado de Radio del Plata de manera escandalosa cuando empresarios afines al gobierno compraron aquella emisora. Estaba de vacaciones cuando lo echaron. El bloguero Lucas Carrasco fue echado de dos medios oficialistas en tres años. La fallecida Jazmín de Grazia debió soportar los embates de Aníbal Fernández, que entonces era poderoso. El empresario kirchnerista Cristóbal López se hizo de Radio 10 y C5N. Lo echó aMarcelo Longobardi, quien después se llevó a toda su audiencia a Mitre. Más tarde el mismo empresario despidió a Antonio Laje.El mendocino Luis Rosales, declarado crítico del chavismo venezolano, fue despedido también. Antes lo pusieron a relatar videos graciosos de Internet o accidentes de autos en China. AJuan Miceli lo despidieron de la TV Pública después que se le ocurriese interpelar al aire a Andrés Larroque. Quiso saber por qué en las inundaciones platenses los militantes de La Cámpora usaban pecheras de la agrupación, para repartir donaciones de la gente.

Gustavo Sylvestre en América, Débora Plager en C5N, denunciaron censura cuando fueron despedidos.

Nuestro colega de redacción y Secretario General Christian Sanzes un periodista muy consultado en los medios porteños, por su conocimiento sobre muchos casos, pero en especial por el Triple crimen de General Rodríguez. Vino a vivir a Mendoza, varios años atrás, porque su vida estaba en peligro.

Tenembaum y Christian Sanz.

Según el último informe disponible respecto de casos de censura en la Argentina, elaborado por FOPEA en 2014, sólo entre 2010 y 2014 hubo 77 incidentes.  Las agresiones en general desde 2008 fueron 1096, y esto es sólo las registradas.

Tierra adentro

De acuerdo a FOPEA en el interior del país ocurrieron el 51,8 % de las agresiones, en medio de un mal clima contra la prensa. El caso más resonante fue el del periodista Juan Pablo Suárez, en Santiago del Estero. El gobierno afín al kirchnerismo logró encarcelarlo por algún tiempo.

En todos estos años hubo en las provincias medios baleados,incendiados, periodistas golpeados, allanamientos a medios, amenazas de muerte, funcionarios que golpearon a periodistas, censura, acoso de Gendarmería que secuestró la edición de una revista, intento de frenar publicaciones, panfleteadas, despidos arbitrarios, desplazamientos de horarios centrales, escraches, “bajadas de línea” para hacer oficialismo puro, aprietes, clausuras de medios críticos de algún intendente como ocurrió en Cañuelas, y múltiples agresiones de piqueteros y miembros de organizaciones sociales, o de sindicalistas duros, a movileros y noteros que hacían su trabajo.

Además, el uso discrecional de la pauta para premiar y castigar se convirtió en una práctica muy extendida, igual que los aprietes a los anunciantes. Contar todo lo que nos pasó cuando investigamos y publicamos el Caso Lobos sería motivo de una nota aparte. El diario llevaba una semana online y pasamos meses de pesadilla.

¿Recuerdan cuando Axel Kicillof agravió a Natacha Niebieskikwiat, o cuando Capitanich llamó Marmota al periodista Fernando Carnota? Eso fue una línea de conducta de cómo piensa el kirchnerismo que debe tratarse a la prensa, salvo a los amigos. Hubo más de 1.000 casos contra periodistas en estos años.

¿Alguien sabe, por caso, cómo terminó la investigación del misterioso  y violento robo a Marcelo Longobardi?

El gesto de romper Clarín.

La Sociedad Interamericana de Prensa también registró el clima de la libertad de expresión en la Argentina, aunque el kirchnerismo cree que los medios que la integran son lamebotas de Héctor Magnetto y de los Estados Unidos. “Uso de recursos públicos para montar aparatos comunicacionales de propaganda propia; partidización de los medios públicos; distribución discriminatoria de la pauta oficial; aplicación selectiva de normas para perseguir la disidencia;  presión a los anunciantes privados; utilización de los organismos de control y de los servicios de inteligencia para presionar, intimidar y espiar”; fueron algunos de los problemas que detectaron, de acuerdo a un resumen elaborado por el diario cordobés La Voz del Interior.

¿Dónde estaba la militancia kirchnerista cuando todo esto ocurría en la Argentina?

No hubo desde 1983 un gobierno democrático que implementase una política depersecución, castigo, hostigamiento y agresión permanente al periodismo como los gobiernos kirchneristas. En ese contexto apareció además la deformación profesional a la que llamaron periodismo militante. Es decir, propagandistas vestidos con el traje del periodismo, que trataron todos sus contenidos desde una óptica partidaria para favorecer a un sector, en este caso, el kirchnerismo.

Que nadie se escandalice. Todos queremos que Víctor Hugo Morales siga al aire y que haya voces críticas, tanto como las que el kirchnerismo y sus aliados de negocios trataron de acallar. Y no es lo mismo -de paso- Morales –un periodista acaudalado que podría tener su propio diario– que periodistas de provincia mal pagos, quienes deben sobrevivir como pueden el tiempo que les lleve conseguir un nuevo trabajo. Reinsertarse en el interior es muy difícil, sobre todo cuando la política estigmatiza a los profesionales del periodismo.

Hay que repasar el archivo.

Aunque fuere con retroactividad, podrían pedir perdón por todo lo que no hicieron por la libertad de prensa que dicen defender. Y después sí, Vamos todos a la marcha por Víctor Hugo.

 

Nota del autor:  No me lo contaron. Lo viví. Años atrás, un productor de radio de Buenos Aires renunció a la quinta nota que le encargamos para la radio MDZ, que entonces conducía y en la que tenía dos programas diarios. Fue un caballero, de todos modos. Y honesto. “No puedo… yo soy partidario de este proyecto nacional y popular y no estoy de acuerdo con la línea de trabajo que proponés”. Fue valiente, pero difícil de comprender. Trabajaba en un medio público.

 

 

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Lunes 21 SEP 2015Lunes 21/09/15 atrás

Secretario General de Redacción

porChristian Sanz

Nada es seguro en el universo de Cristina Kirchner, al menos en los últimos tiempos. Muchos de los que hasta hace poco tiempo eran considerados “bendecidos” en su mundo, de pronto pasaron a purgar el frío destierro en el marco del mismo cosmos.

No se trata solamente de funcionarios públicos, sino también de empresarios privados y hombres de negocios. Todos sufren en estas horas los vaivenes del oscilante humor de la Presidenta de la Nación.

No importa el esfuerzo hecho en el pasado, ni la sacrificada inmolación personal, todos son pasibles de sufrir las consecuencias del cambiante humor de Cristina. Guillermo Moreno lo sabe mejor que nadie: luego de haber dinamitado su propia imagen, llevando adelante las políticas más impopulares que ha conocido la Argentina, ha sido desterrado al ostracismo más sorprendente. ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Qué más debió hacer el exsecretario de Comercio Interior para agradar a la primera mandataria?

En realidad, la culpa no es toda de Moreno sino, como se dijo, de los cambios de humor de Cristina. Es que, luego del estrepitoso fracaso que mostraron sus políticas “restrictivas” —las cuales fueron impulsadas mayormente por la propia Presidenta— las encuestas derrumbaron la imagen del Gobierno y el otrora súper secretario debió tolerar calzarse su nuevo traje de “chivo expiatorio”.

Quien hoy ocupa su lugar —y la gracia presidencial— es el ascendente Axel Kicillof. ¿Cuánto demorará el ministro de Economía en seguir los pasos de Moreno?

El derrotero que sufre el Secretario de Comercio Interior no es potestad solo de su persona, Amado Boudou ha sufrido una caída similar en muy poco tiempo. En 2010, el hoy Vicepresidente estaba a la cabeza de todas las preferencias de Cristina; solo dos años más tarde, la misma Presidenta lo bajó del podio luego de que el escándalo Ciccone lo golpeara en el rostro.

Lo mismo le ha ocurrido a ministros de la talla de Julio De Vido, a quien la Presidenta acusa en privado de no haber sabido manejar el millonario (des)manejo de los subsidios al transporte.

Pero la caída en desgracia no solo le ocurre a los funcionarios públicos: empresarios y banqueros que supieron gozar en el pasado de la bendición oficial, hoy viven desconcertados por la “bajada de pulgar” de Cristina.

Por caso, ¿cómo entender lo ocurrido con la familia Eskenazi, desterrada del paraíso K luego de haber ayudado a blanquear millonarios fondos de Néstor y Cristina Kirchner durante los últimos 20 años?

Lo mismo les ha ocurrido a empresarios de la talla de Lázaro Báez y Cristóbal López, quienes hoy viven temerosos de que la mandataria les arrebate “de facto” las prebendas conseguidas a lo largo de los últimos años.

A ese respecto, López vive aterrorizado por la posibilidad de que avancen cualquiera de las leyes que hoy reposan en el Congreso y que intentan estatizar los juegos de azar; si ello ocurriera, sus ostentosas licencias se perderían en el mismo acto. Ese miedo es el que explica que el empresario sostenga en C5N a ciertos periodistas críticos del gobierno. “Por si las moscas”, suele advertir López a sus íntimos.

Jorge Brito, titular del Banco Macro es otro de los exponentes del cambio de humor presidencial: luego de haber sido el banquero preferido de Néstor y Cristina —es otro de los que los ayudó a blanquear ingentes cantidades de dinero—, cayó en desgracia cuando un informe de Inteligencia vernáculo lo calificó como uno de los “promotores” de la corrida de dólar que se vivió en 2011.

La lista es extensa y elocuente: allí aparecen personas tan disímiles como el santacruceño Eduardo Acevedo, el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, la ex ministra Graciela Ocaña y hasta el ex cadete kirchnerista Rudy Ulloa Igor. Todos ellos fueron estrellas del firmamento K y hoy se encuentran en la lista negra del mismo universo. Todos fueron parte integrante del proyecto “nacional y popular” hasta que los cambios de humor oficiales los dejaron abandonados a la vera del camino de la desdicha. ¿Por qué les ocurrió lo que les ocurrió? ¿Cuál es el significado intrínseco de esa conducta oficial?

Independientemente de la respuesta a ambos interrogantes, hay que admitir que la conducta “bipolar” del kirchnerismo para con sus propios “bendecidos” no es algo aislado, sino parte de la postal que permite entender los incesantes cambios de rumbo en la política de los últimos años. Es uno de los “síntomas” que el oficialismo intenta esconder y que forma parte de un cuadro más amplio, referido a su propia patología autodestructiva.

El problema radica no solo en el ocultamiento de la enfermedad —lo cual no permite su estudio y eventual cura— sino el temor que ostentan quienes conocen su avance a la hora de mencionar la cuestión.

Mientras esto ocurre, la bipolaridad gubernamental sigue deglutiéndose a propios y ajenos, en una alocada carrera cuya meta todos parecen desconocer.

Y allí aparece la inevitable pregunta: ¿Habrá posibilidad de desacelerar la marcha o la ciudadanía deberá resignarse a esperar el impacto brutal de su consecuencia inevitable?

Lamentablemente, no existe una respuesta predecible; depende de la voluntad de toda una sociedad.

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“Superman”, la droga que te mata

¡Yo quiero ser cyber militante K!

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